Hay días en los que te gustaría hacer algo para ti.
Leer.
Pintar.
Coser.
Escribir.
Aprender cerámica.
Empezar ese cuaderno tan bonito que compraste hace meses.
Pero llega el momento y no te apetece empezar nada.
No porque no tengas intereses.
Porque estás cansada.
Y hay un tipo de cansancio que no se arregla necesariamente tumbándote en el sofá: el de haber tomado decisiones, respondido mensajes, recordado cosas, organizado, resuelto y atendido pequeños asuntos durante todo el día.
Entonces aparece el móvil.
No requiere preparar nada.
No tienes que decidir demasiado.
Abres una aplicación y dejas que algo vaya apareciendo delante de ti.
Por eso competir con el teléfono cuando estamos mentalmente agotadas no es tan sencillo como decir:
“Pues busca un hobby.”
Un hobby también puede exigir energía.
Y precisamente ahí colorear tiene una ventaja interesante:
puedes hacer algo con las manos sin tener que decidir qué crear desde cero.
Cuando estás mentalmente cansada, el problema no siempre es que no tengas aficiones: puede que no te quede energía para empezarlas. Colorear tiene una ventaja frente a muchos otros hobbies: el punto de partida ya está hecho. No tienes que decidir qué crear, aprender una técnica ni preparar demasiadas cosas. Puedes elegir un color y empezar.
¿Por qué colorear puede resultar más fácil cuando estás mentalmente cansada?
La respuesta corta es esta:
colorear reduce algunas de las decisiones necesarias para empezar una actividad creativa. El dibujo ya existe, los límites están definidos y tú solo tienes que elegir un color y comenzar.
No necesitas tener una idea.
No necesitas saber dibujar.
No tienes que terminar nada.
No tienes que producir algo útil.
Y tampoco hace falta disponer de una tarde entera.
Puedes colorear diez minutos y dejarlo exactamente donde está hasta otro día.
Eso lo convierte en una actividad especialmente fácil de introducir en una vida que ya viene bastante llena.
El problema de muchos hobbies no es el hobby: es empezar
Imagina que llegas a casa después de un día intenso y decides pintar.
Primero tienes que pensar qué vas a pintar.
Buscar materiales.
Preparar la mesa.
Elegir colores.
Decidir por dónde empezar.
Aceptar que quizá no salga como imaginabas.
Recoger después.
No es muchísimo trabajo.
Pero cuando tu cabeza lleva doce horas tomando pequeñas decisiones, puede ser suficiente para que pienses:
“Ya lo haré otro día.”
Ahora imagina otra situación.
Tienes una lámina encima de la mesa y una caja de lápices al lado.
Te sientas.
Eliges verde.
Empiezas por una hoja.
La diferencia parece pequeña.
Pero hay muchas menos decisiones entre “me gustaría hacer algo” y “ya estoy haciéndolo”.
Colorear es creativo, pero no te obliga a crear desde cero
Esta es probablemente una de las cosas que más me gustan de colorear.
Existe una estructura previa.
Alguien ya ha hecho el dibujo.
Tú decides qué ocurre dentro.
Puedes usar colores realistas.
O completamente absurdos.
Puedes hacer todas las hojas verdes.
O pintar una de color rosa porque te da la gana.
Puedes seguir una paleta.
O no seguir ninguna.
Hay suficiente estructura para no sentirte delante de una página en blanco y suficiente libertad para que el resultado sea tuyo.
Ese punto intermedio puede resultar muy agradable cuando quieres hacer algo creativo sin tener que inventarlo todo.
No tienes que ser buena coloreando
Hay actividades que arrastran una pregunta incómoda:
“¿Se me dará bien?”
Con colorear, esa pregunta importa bastante poco.
No hay examen.
No necesitas enseñar el resultado.
No tiene que quedar bonito para Instagram.
Nadie tiene que verlo.
Y si te sales de la línea, ocurre una de las tragedias más pequeñas que pueden suceder en una tarde.
Ninguna.
Puedes continuar.
Quizá llevamos demasiado tiempo relacionando los hobbies con mejorar.
Aprender.
Progresar.
Dominar una técnica.
Hacer cursos.
Comprar mejores materiales.
Conseguir un resultado.
Pero también podemos hacer cosas sin intención de convertirnos en expertas.
Colorear puede ser una de ellas.
Cuando estás cansada, menos decisiones puede ser mejor
A lo largo del día tomamos constantemente pequeñas decisiones.
Qué responder.
Qué comprar.
Qué cocinar.
Qué priorizar.
Qué dejar para mañana.
A quién llamar.
Dónde ir.
Qué falta.
Qué hay que recordar.
Muchas son insignificantes por separado.
Pero se acumulan.
Por eso a las nueve de la noche elegir incluso qué serie ver puede convertirse en una negociación interior de quince minutos.
En ese estado, una actividad con un punto de partida muy claro tiene una ventaja.
Una lámina.
Unos colores.
Una zona cualquiera.
Empiezas.
No necesitas diseñar la experiencia.
Ya está preparada.
Colorear también compite bien con el móvil por una razón muy sencilla
El móvil gana muchas veces porque es fácil de empezar.
Está al alcance de la mano.
No requiere preparación.
Ofrece estímulos inmediatamente.
Si queremos pasar menos tiempo mirándolo, no basta con decidir que vamos a tener más fuerza de voluntad.
Ayuda mucho tener otra actividad igual de accesible.
Por ejemplo:
una lámina ya impresa,
los lápices en un bote,
todo encima de una mesa,
sin tener que buscar nada.
Así reduces la distancia entre:
“No quiero seguir mirando el móvil.”
y
“Voy a hacer otra cosa.”
Si este tema te interesa, también puedes leer qué hacer en vez de mirar el móvil.
No necesitas una hora para colorear
Otra ventaja es que se adapta bastante bien a los ratos pequeños.
Puedes colorear:
diez minutos mientras tomas un café,
un rato después de comer,
veinte minutos antes de preparar la cena,
media hora por la noche,
un domingo por la mañana,
mientras escuchas música,
mientras tienes un podcast de fondo.
Y puedes parar en cualquier momento.
La lámina no se estropea porque la dejes a medias.
No pierde el hilo.
No tienes que recordar en qué capítulo estabas.
Simplemente continúas por donde lo dejaste.
Para una vida llena de interrupciones, eso es bastante práctico.
La gracia puede estar precisamente en que no sirve para nada
Esta parte me parece importante.
Colorear no tiene por qué convertirse en otra herramienta para conseguir algo.
No tienes que hacerlo para ser más productiva.
Ni para convertirte en una versión mejorada de ti misma.
Ni para crear una rutina de bienestar perfecta.
Puedes colorear porque te gusta elegir colores.
Porque disfrutas viendo cómo una página blanca va cambiando.
Porque durante un rato estás haciendo una cosa y no siete.
Porque te apetece.
Hacer algo que no tiene que servir para nada también puede ser una forma valiosa de utilizar el tiempo.
Especialmente en una etapa de la vida en la que tantas cosas parecen tener siempre una finalidad.
¿Es colorear lo mismo que relajarse?
No necesariamente.
Y prefiero decirlo así.
A algunas personas colorear les resulta agradable y les ayuda a bajar el ritmo.
A otras les entretiene.
A otras les permite concentrarse durante un rato en una tarea sencilla.
Y habrá quien lo pruebe y piense:
“Pues a mí esto no me dice nada.”
También está bien.
Colorear no es un tratamiento, ni sustituye ayuda profesional cuando existe ansiedad, depresión, insomnio u otro problema de salud.
Es simplemente una actividad manual, accesible y sin pantalla que algunas personas disfrutan especialmente cuando no tienen energía para empezar algo más complejo.
No hace falta pedirle más.
¿Qué necesitas para empezar a colorear?
Muy poco.
De hecho, cuanto menos conviertas el comienzo en una compra de material profesional, mejor.
Una lámina
Puede ser un dibujo suelto o un libro para colorear.
Si quieres probar antes de comprar nada, puedes descargar una de mis láminas para colorear gratis.
Unos lápices de colores
No necesitas una caja de 120 colores ordenados según el círculo cromático.
Con una caja sencilla puedes empezar perfectamente.
Un sitio cómodo
Una mesa.
Buena luz.
Y, si puedes, el móvil un poco más lejos de la mano.
Eso es todo.
Cómo hacer que colorear sea más fácil de elegir que el móvil
Aquí está, para mí, una de las claves.
No guardes todo.
Si cada vez que quieres colorear tienes que:
abrir un armario,
buscar el libro,
encontrar los lápices,
sacar un sacapuntas,
despejar una mesa,
y después volver a guardarlo todo perfectamente,
has creado demasiados pasos.
Prueba a dejar una pequeña bandeja preparada.
Dentro:
- una lámina,
- unos cuantos lápices,
- un sacapuntas.
Nada más.
Déjala en un sitio donde suelas sentarte.
La idea es que empezar resulte casi tan fácil como coger el teléfono.
¿Y si no sé qué colores elegir?
Esta es una de esas decisiones que parece pequeña hasta que tienes delante cuarenta lápices.
Puedes hacerlo muy sencillo.
Elige solo cinco colores
No necesitas utilizar toda la caja.
Escoge cinco que combinen más o menos entre sí y trabaja únicamente con ellos.
Copia colores de algo que tengas cerca
Una taza.
Una tela.
Una portada.
Una fotografía.
Una planta.
Utiliza variaciones del mismo color
Verdes.
Azules.
Tonos tierra.
Rosas.
No necesitas diseñar una paleta sofisticada.
O elige sin pensar demasiado
Esta también es una opción excelente.
No todo necesita criterio.
¿Qué pasa si lo dejo a medias?
Nada.
De hecho, quizá esa sea otra de las ventajas.
No necesitas terminar una lámina cada vez que te sientas.
Una página puede acompañarte varios días.
O semanas.
Puedes hacer una esquina hoy.
Otra mañana.
Dejarla durante quince días.
Volver.
No hay ninguna obligación de completar el dibujo.
A veces la expectativa de “terminar cosas” es exactamente lo que hace que no empecemos.
Colorear puede ser también una forma de recuperar una afición
Muchas mujeres llegan a cierta etapa de la vida y se dan cuenta de algo extraño:
han pasado años ocupándose de tantas cosas que, cuando alguien pregunta:
“¿Qué te gusta hacer?”
no saben muy bien qué responder.
No porque no les guste nada.
Porque algunas aficiones quedaron atrás.
Otras nunca llegaron a probarse.
Y quizá ahora no apetezca empezar con una actividad que requiera clases, horarios, desplazamientos o mucho material.
Colorear puede funcionar como una puerta pequeña.
Empiezas por ahí.
Y quizá después te apetece dibujar.
Hacer collage.
Pintar.
Escribir.
Tejer.
Ir a un taller.
O quizá sigues coloreando.
No hace falta que conduzca a ninguna parte.
Si estás buscando otras ideas, también tienes estas 15 propuestas de hobbies para mujeres de 50 años.
Colorear cuando tienes poco tiempo: una forma sencilla de empezar
Si quieres probarlo, haz un experimento.
No te propongas:
“Voy a empezar a colorear todas las noches.”
Haz algo mucho más pequeño.
Imprime una lámina.
Deja cinco lápices al lado.
Y un día, cuando vayas a coger el móvil sin necesitar realmente hacer nada con él, prueba a sentarte diez minutos.
Solo diez.
No tienes que relajarte.
No tienes que terminar nada.
No tienes que notar ningún cambio espectacular.
Solo comprobar una cosa:
si te apetece más estar esos diez minutos ahí que pasando el dedo por una pantalla.
Con eso basta.
Preguntas frecuentes sobre colorear para adultos
¿Colorear es solo para niños?
No. Una actividad no deja de tener sentido al llegar a determinada edad. Los libros y láminas para colorear para adultos suelen incluir ilustraciones y niveles de detalle pensados precisamente para un público adulto.
¿Tengo que saber dibujar para colorear?
No. Esa es precisamente una de sus ventajas: el dibujo ya está creado. Tú eliges colores y decides cómo quieres completarlo.
¿Cuánto tiempo tengo que colorear?
No existe una duración correcta. Puedes hacerlo durante diez minutos o pasar una tarde entera si te apetece. Para empezar, un rato corto suele ser suficiente.
¿Qué es mejor, lápices o rotuladores?
Depende del papel y de lo que te guste. Los lápices permiten trabajar con bastante control y son una opción sencilla para empezar. Si utilizas rotuladores, conviene comprobar primero que el papel soporte bien la tinta.
¿Colorear ayuda con la ansiedad?
Colorear puede ser una actividad agradable o relajante para algunas personas, pero no debe presentarse como tratamiento para la ansiedad ni sustituye la atención de un profesional de la salud cuando es necesaria.
¿Qué puedo hacer si quiero colorear pero siempre termino mirando el móvil?
Haz que colorear sea más fácil de empezar: deja una lámina y unos pocos lápices preparados y coloca el teléfono fuera del alcance inmediato durante esos minutos.
Quizá no necesitas otro hobby. Quizá necesitas uno que sea fácil de empezar
A veces pensamos que nos faltan aficiones.
Y puede que lo que nos falte sea energía para ponerlas en marcha.
Cuando la cabeza está llena, empezar algo complejo cuesta.
Por eso una actividad sencilla puede tener más posibilidades de sobrevivir a un martes cualquiera.
No necesitas preparar un estudio.
No necesitas saber dibujar.
No necesitas mejorar.
No tienes que terminar.
Un dibujo.
Unos lápices.
Diez minutos.
Puede parecer poca cosa.
Pero hay días en los que precisamente eso es lo que hace que una actividad que te gusta quepa de verdad en tu vida.
Si quieres empezar, puedes probar con una lámina para colorear gratis.
Y si después descubres que te gusta tener esos ratos con papel y colores, puedes conocer también los libros para colorear Colorea en calma.
Para seguir leyendo sobre creatividad, menos móvil y pequeños ratos fuera del ruido de la vida moderna, tienes más artículos en Menos ruido.
Soy Mapi Letosa, autora de la serie Colorea en calma, una colección de libros para colorear pensada para disfrutar de ratos con papel y colores, lejos de la pantalla y sin necesidad de hacer nada productivo.
Creo en las actividades sencillas, en hacer cosas con las manos y en recuperar pequeños espacios propios dentro de una vida que muchas veces va demasiado deprisa.
En Menos ruido escribo sobre creatividad, tiempo propio, menos móvil y otras formas de vivir con un poco más de atención y menos ruido.