
Hay días en los que coges el móvil para mirar la hora y, cuando vuelves a levantar la cabeza, sabes cómo ha quedado el salón de una desconocida de Wisconsin, has visto tres vídeos de recetas que nunca vas a cocinar y estás considerando comprar un organizador para un cajón que hasta hace diez minutos no te preocupaba en absoluto.
No estabas aburrida.
No estabas buscando nada concreto.
Simplemente habías abierto el móvil.
Y ahí empieza el problema.
Desconectar del móvil se ha convertido en una de esas cosas que muchas queremos hacer y que, paradójicamente, intentamos resolver también desde el móvil.
Aplicaciones para usar menos aplicaciones.
Vídeos sobre cómo dejar de ver vídeos.
Podcasts de cuarenta minutos sobre reducir nuestro consumo digital.
Quizá no necesitamos complicarlo tanto.
A veces, para pasar menos tiempo mirando una pantalla, lo más útil es simplemente tener algo mejor que hacer con las manos.
¿Por qué cuesta tanto desconectar del móvil?
Porque el móvil no es solo un teléfono.
Es despertador, cámara, mapa, periódico, agenda, supermercado, entretenimiento, banco, trabajo, conversaciones, recetas, música y ese lugar al que entramos “un segundo” mientras esperamos a que hierva el agua.
Está diseñado para estar siempre cerca.
Y nuestra vida también se ha organizado alrededor de él.
Por eso el objetivo probablemente no debería ser convertirnos en personas que apenas utilizan tecnología.
Para la mayoría no sería realista.
El problema aparece cuando cogemos el móvil sin haber decidido realmente hacerlo.
Cuando entramos por inercia.
Cuando tenemos cinco minutos libres y nuestra mano va directa al bolsillo.
Cuando estamos cansadas y terminamos haciendo scroll aunque ni siquiera nos esté entreteniendo.
Cuando queremos descansar, pero nuestra cabeza sigue recibiendo estímulos.
Es ahí donde puede venir bien recuperar pequeñas actividades que compitan con la pantalla.
No desde la disciplina.
Desde el placer.
Cómo desconectar del móvil sin convertirlo en otra obligación
Una cosa importante: reducir el uso del móvil no debería convertirse en otro proyecto personal que gestionar.
No necesitas elaborar una estrategia de doce pasos.
Ni hacer un detox digital de treinta días.
Ni levantarte mañana siendo una nueva persona que desayuna mirando por la ventana mientras escucha a los pájaros.
Puedes empezar muchísimo más pequeño.
1. Pon algo entre tus manos y el móvil
Parece una tontería, pero funciona por una razón bastante sencilla.
Si tus manos están ocupadas coloreando, cocinando, cosiendo, escribiendo, haciendo un puzzle o cuidando unas plantas, es más difícil entrar automáticamente en Instagram.
No estás prohibiéndote utilizar el teléfono.
Simplemente estás haciendo otra cosa.
Y esa diferencia importa.
Las actividades manuales tienen además algo que hemos ido perdiendo poco a poco: nos obligan a estar delante de algo que no cambia cada tres segundos.
Una hoja sigue siendo una hoja.
Un lápiz no te manda una notificación.
Y un dibujo no decide enseñarte otro dibujo más interesante justo cuando estabas terminándolo.
2. Recupera actividades que tengan principio y final
El scroll no termina nunca.
Siempre hay otro vídeo.
Otra publicación.
Otra noticia.
Otra persona reorganizando su despensa.
Por eso resulta tan difícil tener la sensación de “ya está”.
Las actividades analógicas funcionan de otra manera.
Puedes terminar una página.
Leer un capítulo.
Escribir una carta.
Hacer una receta.
Completar un puzzle.
Colorear una ilustración.
Nuestro cerebro agradece muchísimo esas pequeñas sensaciones de cierre.
Hay algo agradable en poder mirar lo que acabas de hacer y pensar:
he estado aquí durante un rato.
3. Deja de esperar a tener una tarde libre
Este es probablemente uno de los mayores obstáculos.
Pensamos:
“Ya colorearé cuando tenga tiempo.”
“Ya leeré cuando esté tranquila.”
“Ya empezaré ese hobby cuando tenga una tarde para mí.”
Y esa misteriosa tarde perfecta lleva años sin aparecer.
Para desconectar del móvil no necesitas tres horas.
Prueba con diez minutos.
Mientras tomas un café.
Después de cenar.
Antes de acostarte.
Mientras alguien ve una serie que a ti tampoco te interesa demasiado.
Diez minutos son lo suficientemente pequeños como para caber en una vida normal.
Y diez minutos haciendo una sola cosa se sienten sorprendentemente distintos a diez minutos haciendo scroll.
Colorear para desconectar del móvil

Aquí tengo cierto interés personal, porque precisamente por eso creé Colorea en calma.
Son libros para colorear para adultos pensados para algo bastante sencillo: abrirlos, coger unos lápices y pasar un rato haciendo una sola cosa.
No necesitas saber dibujar.
No necesitas entender de colores.
No necesitas comprar materiales profesionales.
Y tampoco necesitas terminar una ilustración cada vez que empiezas.
Puedes colorear durante ocho minutos y cerrar el libro.
Puedes dejar una página a medias durante una semana.
Puedes elegir los colores fatal.
No pasa absolutamente nada.
Ese es, de hecho, parte del atractivo.
Vivimos rodeadas de actividades que tienen objetivos, métricas, resultados y formas correctas de hacerse.
Colorear no tiene que servir para nada.
Y precisamente por eso puede venirnos tan bien.
Descubrir los libros de Colorea en calma →
Qué ocurre cuando haces una sola cosa durante un rato
Probablemente no vas a alcanzar un estado de iluminación espiritual porque hayas coloreado una planta de verde.
Y tampoco hace falta.
Lo interesante es mucho más cotidiano.
Durante un rato estás eligiendo un color.
Mirando una página.
Moviendo la mano.
Prestando atención a algo que tienes delante.
No estás saltando entre conversaciones, titulares, vídeos, correos y notificaciones.
Eso ya es bastante.
Muchas veces hablamos de bienestar como si necesitáramos introducir grandes cambios en nuestra vida.
Pero quizá algunas de las cosas que mejor nos sientan son muchísimo más pequeñas.
Hacer algo con las manos.
Estar diez minutos sin mirar una pantalla.
Volver a una actividad que nos gustaba antes de que cada segundo libre terminara ocupado por el móvil.
Otras formas sencillas de pasar menos tiempo con el móvil
Colorear es una opción, pero no tiene que ser la tuya.
La idea es encontrar actividades que te apetezca hacer lo suficiente como para que el móvil deje de ser siempre la alternativa más fácil.
Puedes probar con:
- escribir unas líneas a mano;
- hacer collage;
- leer unas páginas de un libro;
- cuidar plantas;
- cocinar sin poner un vídeo de fondo;
- hacer punto, ganchillo o bordado;
- montar un puzzle;
- escribir una carta;
- dibujar aunque dibujes fatal;
- salir a caminar dejando el móvil guardado;
- sentarte a tomar un café sin poner nada delante de ti.
No necesitas convertir todas estas cosas en hobbies.
Ni hacerlas todos los días.
Simplemente necesitas recordar que hay más cosas que hacer en cinco minutos que abrir el teléfono.
Haz que lo analógico sea fácil de elegir
Hay otra cosa que ayuda mucho: no guardar todo.
Si para colorear tienes que sacar una caja del armario, mover tres bolsas, buscar los lápices y despejar una mesa, probablemente ganarás tú móvil.
Déjalo fácil.
Un libro encima de la mesa.
Un pequeño bote con lápices.
Un cuaderno cerca del sofá.
Una revista junto a la cama.
El entorno importa.
Tenemos el teléfono permanentemente al alcance de la mano.
Quizá nuestras alternativas también deberían estarlo.
No se trata de dejar el móvil
Se trata de recuperar la posibilidad de elegir.
De poder tener diez minutos libres sin llenarlos automáticamente.
De terminar el día habiendo hecho algo que recuerdas.
De volver a hacer cosas simplemente porque te gustan.
De recuperar un poco de esa vida que ocurre fuera de una pantalla.
No hace falta borrar Instagram mañana.
No hace falta poner el teléfono dentro de una caja con temporizador.
Puedes empezar con algo mucho más sencillo.
Una mesa.
Un libro.
Unos lápices.
Diez minutos.
Y ninguna notificación.
¿Quieres probar?
Creé Colorea en calma para esos momentos.
Son libros para colorear para adultos que quieren bajar un poco el ruido, dejar el móvil durante un rato y recuperar el placer de hacer algo con las manos.
Sin hacerlo perfecto.
Sin objetivos.
Sin necesidad de ser creativa.
Solo abrir, elegir una página y empezar.