Hay días en los que parece que todo el mundo necesita algo de ti.
Trabajo.
Casa.
Mensajes.
Compras.
Recados.
Familia.
Cosas que recordar.
Cosas que resolver.
Y cuando por fin aparece un hueco, muchas veces ya estás tan cansada que ni sabes qué hacer con él.
Entonces aparece esa frase:
“Es que no tengo tiempo para mí.”
Y puede ser verdad.
Pero a veces ocurre otra cosa.
Sí existen pequeños ratos, solo que llegan fragmentados, escondidos entre obligaciones o tan llenos de ruido que ni siquiera los reconocemos como tiempo propio.
Y otras veces el problema es todavía más sencillo:
llevas tantos años poniendo primero a todo el mundo que tú has acabado siempre al final de la lista.
Recuperar tiempo para ti no significa necesariamente conseguir una tarde libre.
A veces empieza con quince minutos.
Y con aceptar que también pueden ser tuyos.
Por qué sentimos que nunca tenemos tiempo para nosotras
No siempre es porque el día esté completamente lleno.
A veces nuestro tiempo queda repartido entre demasiadas cosas pequeñas.
Responder un mensaje.
Mirar una notificación.
Resolver algo rápido.
Poner una lavadora.
Buscar una cita.
Contestar un correo.
Pensar qué hay que comprar mañana.
Preguntar si alguien ha llegado.
Recordar algo que otra persona también podría recordar.
Cada cosa ocupa poco.
Todas juntas ocupan muchísimo.
Y, además, dejan una sensación extraña:
has estado haciendo cosas todo el día, pero no recuerdas haber tenido un rato realmente tuyo.
Cuando el problema no es el tiempo, sino que siempre vas la última
A muchas mujeres les pasa algo parecido durante años.
Primero están los hijos.
Luego el trabajo.
La pareja.
Los padres.
La casa.
Los recados.
Las necesidades de los demás.
Y tú acabas apareciendo siempre después.
No necesariamente porque alguien te lo haya pedido.
A veces simplemente se convierte en la manera habitual de funcionar.
Por eso recuperar tiempo propio no consiste únicamente en aprender a organizar mejor la agenda.
También puede implicar dejar de esperar a que todo el mundo esté atendido para darte permiso a ti.
Porque ese momento perfecto casi nunca llega.
Siempre queda algo.
Siempre alguien podría necesitar algo.
Siempre hay una tarea pendiente.
Si esperas a terminarlo todo para descansar, puede que lleves años esperando.
Tener tiempo para ti no es lo mismo que esperar a que sobre
Esperar a que aparezca “un rato libre” suele funcionar bastante mal.
Porque cuando aparece, alguien lo ocupa.
O lo ocupas tú misma con otra tarea.
Por eso quizá el objetivo no sea encontrar más tiempo, sino decidir qué pequeño espacio del día no quieres entregar automáticamente.
No tiene que ser una hora.
Puede ser:
- veinte minutos después de comer,
- diez minutos antes de empezar la cena,
- media hora el domingo por la mañana,
- un rato después de ducharte,
- el trayecto de vuelta a casa,
- quince minutos antes de acostarte.
Cuando ese rato existe de forma consciente, deja de parecer un hueco accidental.
Empieza a ser tiempo para ti.
Aprender a poner límites también libera tiempo
A veces no necesitamos organizarnos mejor.
Necesitamos decir no alguna vez.
No a un plan que no nos apetece.
No a resolver inmediatamente algo que otra persona también podría solucionar.
No a estar disponible siempre.
No a responder cada mensaje en el momento.
No a asumir automáticamente una tarea solo porque llevamos años haciéndola.
Poner límites no significa dejar de querer o cuidar a los demás.
Significa aceptar que tu tiempo también cuenta.
Y al principio puede sentirse extraño.
Incluso egoísta.
Sobre todo si llevas muchos años siendo la persona que sostiene buena parte de la organización familiar.
Pero no necesitas empezar con grandes declaraciones.
Un límite puede ser simplemente:
“Ahora no.”
“Eso puede esperar.”
“Hoy no me viene bien.”
“Voy a estar veinte minutos con mis cosas.”
Pequeño.
Pero tuyo.
Cuando los hijos crecen y el tiempo cambia
Hay una situación de la que se habla menos.
Durante años deseas tener más tiempo.
Y un día empiezas a tenerlo.
Los hijos crecen.
Tienen pareja.
Amigos.
Trabajo.
Sus propios horarios.
Incluso sus propios hijos.
Ya no necesitan de ti de la misma manera.
Y entonces aparece un espacio que antes no existía.
Pero tener más tiempo no significa automáticamente saber qué hacer con él.
Después de muchos años funcionando con horarios, obligaciones y presión, la ausencia de esa presión también puede resultar extraña.
Quizá te descubras pensando:
“Ahora podría hacer cosas… pero no sé qué.”
Es normal.
No necesitas llenar inmediatamente todo ese espacio.
Puedes empezar recuperando algo que habías dejado atrás.
Leer.
Tejer.
Caminar.
Pintar.
Cuidar plantas.
Ir a un taller.
Quedar con una amiga.
Volver a escribir.
O simplemente sentarte media hora sin que nadie necesite nada.
Ese tiempo también necesita aprendizaje.
Cuánto tiempo necesitas de verdad
A veces imaginamos que “tener tiempo para mí” significa disponer de una tarde entera.
Y claro, si esa es la medida, casi nunca llega.
Pero un rato propio puede durar mucho menos.
Diez minutos
Diez minutos sirven para:
- sentarte sin hacer nada,
- colorear una parte de una lámina,
- leer unas páginas,
- escribir a mano,
- tomar un café sin mirar el móvil,
- salir al balcón,
- escuchar una canción entera.
Veinte minutos
Con veinte minutos ya puedes:
- dar un paseo corto,
- hacer un pequeño collage,
- leer un capítulo,
- escribir una carta,
- avanzar en un puzzle,
- ordenar fotografías,
- empezar una actividad creativa.
Media hora
Media hora puede sentirse sorprendentemente larga si no está llena de interrupciones.
No necesitas mucho más para notar que has tenido un espacio realmente tuyo.
Lo que suele robar esos ratos sin que nos demos cuenta
Hay cosas que no parecen enormes, pero van comiéndose los huecos.
El móvil
No hace falta estar tres horas seguidas mirando la pantalla.
Basta con veinte entradas pequeñas repartidas por el día.
Cinco minutos aquí.
Tres allá.
Otros diez mientras esperas.
Y al final se han ido muchos ratos que podrían haber sido otra cosa.
Si te pasa, puedes leer también qué hacer en vez de mirar el móvil.
Las pequeñas tareas pendientes
Siempre hay algo que podría hacerse.
Doblar ropa.
Limpiar algo.
Contestar un correo.
Preparar una cosa para mañana.
Ordenar un cajón.
El problema es que la lista nunca termina.
Si esperas a acabarla para darte un rato, ese rato probablemente no llegue.
Estar siempre disponible
El móvil no solo ocupa tiempo porque lo miramos.
También porque nos hace sentir que podemos responder siempre.
Ahora.
A cualquiera.
A cualquier hora.
Pero que un mensaje haya llegado no significa que necesite respuesta inmediata.
La sensación de que descansar hay que ganárselo
Esta idea aparece mucho:
“Cuando termine esto, descanso.”
“Cuando deje la casa recogida, me siento.”
“Cuando responda estos mensajes, hago algo para mí.”
Pero siempre aparece otra cosa después.
El descanso funciona bastante mal como premio por terminar una lista infinita.
Cómo recuperar tiempo para ti sin reorganizar toda tu vida
No necesitas empezar cambiándolo todo.
Hazlo pequeño.
1. Elige un rato que ya exista
No intentes inventar una hora nueva.
Busca un momento que ya está ahí.
Por ejemplo:
- después de comer,
- antes de preparar la cena,
- al llegar a casa,
- antes de acostarte,
- cuando el resto está ocupado con sus cosas.
Ese rato es más fácil de proteger porque no necesitas crear tiempo de la nada.
2. Decide antes qué quieres hacer
Si cuando llega el hueco tienes que pensar qué hacer, probablemente acabes cogiendo el móvil.
Deja algo preparado.
Un libro encima de la mesa.
Una lámina y unos lápices.
Un cuaderno.
Una revista.
Un puzzle.
Una labor.
Una taza y una silla junto a la ventana.
Cuantas menos decisiones tengas que tomar, más fácil será usar ese rato.
3. Hazlo pequeño
No empieces diciendo:
“A partir de ahora voy a tener una hora diaria para mí.”
Empieza con:
“Hoy voy a guardar quince minutos.”
Eso cabe mucho mejor en la vida real.
4. Di en voz alta que ese rato es tuyo
Si vives con más gente, prueba algo tan sencillo como:
“Voy a estar veinte minutos con esto.”
No necesitas justificarlo demasiado.
A veces los demás no respetan un rato propio porque ni siquiera saben que lo has reservado.
5. No lo conviertas en otra obligación
Tu rato propio no tiene que servir para mejorar.
No tiene que ser productivo.
No tiene que enseñarte nada.
No tiene que convertirse en una rutina perfecta.
Puede ser simplemente agradable.
Y ya.
Recuperar una afición puede ayudarte a proteger ese tiempo
A veces es difícil proteger algo tan abstracto como:
“Quiero más tiempo para mí.”
Pero es más fácil proteger:
“Los martes voy a tejer.”
“Quiero volver a leer antes de dormir.”
“Los domingos por la mañana voy a caminar sola.”
“Voy a empezar a colorear otra vez.”
“Me he apuntado a un taller.”
Cuando el tiempo tiene una forma concreta, cuesta menos reservarlo.
No necesitas encontrar “tu pasión”.
Solo algo que sea tuyo.
Algo que haces porque te apetece.
Si hace mucho que no sabes qué podría ser, quizá te ayude este artículo sobre hobbies para mujeres de 50 años.
Qué hacer en un rato propio cuando estás cansada
Hay días en los que no apetece aprender nada nuevo.
En esos momentos, mejor elegir actividades con poca fricción.
Colorear
No necesitas crear nada desde cero.
El dibujo ya está hecho.
Solo eliges colores y empiezas.
Si quieres probarlo, puedes descargar una de mis láminas para colorear gratis.
Leer unas páginas
No “leer un libro”.
Solo unas páginas.
Escuchar música
Sin hacer nada más al mismo tiempo.
Mirar fotografías
Un álbum.
Una caja.
Fotos antiguas.
Tejer o coser
Si ya sabes hacerlo, puedes retomarlo sin grandes preparativos.
Tomar algo sentada
Sin teléfono.
Sin aprovechar para contestar mensajes.
Solo tomarlo.
Qué hacer si siempre te interrumpen
A veces el problema no es encontrar el rato.
Es conseguir que dure.
Si vives con otras personas, ayuda ser clara.
“Voy a estar veinte minutos con esto.”
Y si algo no es urgente:
puede esperar.
También puedes elegir momentos en los que las interrupciones sean menos probables.
Pero incluso si te interrumpen, no conviertas eso en motivo para abandonar.
Un rato imperfecto sigue siendo un rato.
No necesitas desaparecer para tener tiempo propio
A veces pensamos en el tiempo para una misma como algo enorme:
un viaje sola,
un fin de semana,
un spa,
una tarde completamente libre.
Todo eso puede estar muy bien.
Pero no siempre es posible.
Y si solo consideramos “tiempo para mí” los grandes planes, dejamos fuera muchos momentos pequeños que también cuentan.
Un café tranquila.
Veinte minutos con un libro.
Una vuelta sola.
Un rato coloreando.
Una carta.
Una labor.
Una mesa en silencio.
No parecen grandes cosas.
Quizá precisamente por eso caben mejor en la vida real.
También puedes empezar dejando de hacer algo
Normalmente hablamos de recuperar tiempo pensando:
¿Qué puedo añadir?
Pero quizá haya otra pregunta más interesante:
¿Qué puedo dejar de hacer?
Una tarea que no es necesaria.
Una obligación que asumiste hace años y nadie ha revisado.
Una conversación que no requiere respuesta inmediata.
Un plan al que no quieres ir.
Una parte de la casa que puede esperar.
Una expectativa que tú misma has creado.
Recuperar tiempo también consiste en dejar espacios donde antes siempre había algo.
No siempre tienes que ponerte la primera
Esto también quiero matizarlo.
No creo que la vida funcione diciendo:
“Yo siempre primero y el resto después.”
Hay días en los que alguien que quieres te necesita.
Hay etapas en las que toca cuidar.
Hay responsabilidades reales.
Pero existe una diferencia enorme entre no ser siempre la primera y ser siempre la última.
Ahí es donde merece la pena mirar.
¿Hace cuánto que no haces algo únicamente porque te apetece?
¿Hace cuánto que no reservas un rato antes de que sobren los minutos?
¿Hace cuánto que no dices “ahora no” sin sentir que tienes que escribir una defensa de ocho páginas?
Quizá por ahí empiece todo.
Empieza por proteger quince minutos
No intentes cambiar toda tu agenda.
Elige un momento concreto de esta semana.
Quince minutos.
Decide antes qué vas a hacer.
Y cuando llegue ese momento, no lo utilices para adelantar otra tarea.
Déjalo tal como estaba pensado.
Solo para ti.
Puede parecer poco.
Pero quizá recuperar tiempo propio no empiece encontrando una hora libre.
Quizá empiece aceptando que no tienes que ser siempre la última de tu propia lista.
Si quieres empezar por algo muy sencillo
Puedes descargar una lámina para colorear gratis y dejarla preparada con unos lápices.
Así, cuando aparezcan diez o quince minutos, no tendrás que decidir nada.
Y si te apetece seguir leyendo sobre tiempo propio, móvil, creatividad y esta vida moderna tan llena de cosas, puedes volver a Menos ruido.