Hay momentos en los que cogemos el móvil sin querer hacer nada concreto.
No esperamos una llamada. No necesitamos buscar nada. Ni siquiera tenemos especial interés en saber qué está pasando en Instagram.
Simplemente aparece un hueco de treinta segundos y la mano va sola al teléfono.
En el sofá. Mientras esperamos que hierva el agua. Antes de dormir. En una cola. Después de comer. Incluso mientras vemos una serie.
El problema no es utilizar el móvil. El problema empieza cuando se convierte en la respuesta automática a cualquier minuto vacío.
Y entonces ocurre algo curioso: queremos pasar menos tiempo con él, pero cuando conseguimos dejarlo encima de la mesa aparece inmediatamente otra pregunta:
¿Y ahora qué hago?
Aquí tienes algunas respuestas.
No son retos de desconexión digital, ni hábitos que tengas que mantener durante 21 días, ni una nueva lista de cosas que deberías hacer mejor.
Son simplemente 25 cosas que puedes hacer en vez de mirar el móvil.
Algunas duran cinco minutos. Otras pueden entretenerte una tarde.
Elige la que te apetezca.
Antes de empezar: no necesitas aprovechar cada minuto
Una pequeña aclaración.
Dejar el móvil no significa que tengas que sustituirlo inmediatamente por algo productivo.
No hace falta leer a Tolstói cada vez que cierras Instagram.
Puedes aburrirte.
Puedes mirar por la ventana.
Puedes estar diez minutos sin hacer absolutamente nada útil.
Quizá una de las cosas que hemos perdido precisamente sea esa: la posibilidad de que un rato no sirva para nada.
Así que esta lista no pretende llenar todos tus huecos.
Solo darte alternativas para esos momentos en los que piensas:
Quiero dejar el teléfono un rato, pero no sé qué hacer.
25 cosas que puedes hacer en vez de mirar el móvil
1. Colorea una lámina
Papel, lápices y poco más.
Colorear tiene una ventaja enorme: no necesitas decidir demasiado.
El dibujo ya está ahí. Solo tienes que escoger un color y empezar.
No importa si combinas bien los tonos, si acabas la lámina o si llevabas treinta años sin coger un lápiz de color.
Precisamente por eso puede funcionar tan bien cuando estás cansada de decidir cosas todo el día.
Si quieres probarlo, puedes descargar una de mis láminas para colorear gratis.
2. Sal a caminar sin llevar el móvil en la mano
No hace falta organizar una ruta.
Da una vuelta a la manzana, ve a comprar el pan o camina quince minutos por tu barrio.
El móvil puede ir contigo por seguridad si lo necesitas.
La diferencia está en no llevarlo en la mano.
Guárdalo en el bolso o en el bolsillo y deja que durante un rato no sea lo primero que tienes delante.
3. Haz café o té sin hacer nada mientras tanto
Este experimento dura poquísimo.
Pon agua.
Prepara el café.
Y mientras esperas, no abras ninguna aplicación.
Nada.
Observa hasta qué punto resulta extraño esperar cuarenta segundos sin recibir estímulos.
Es bastante revelador.
4. Escribe una página a mano
No necesitas llevar un diario.
Coge cualquier cuaderno y escribe lo primero que se te ocurra.
Lo que ha pasado hoy.
Algo que te preocupa.
Una idea absurda.
Una lista.
Una conversación que recuerdas.
Escribir a mano obliga a ir un poco más despacio que escribir en una pantalla.
Y a veces eso es exactamente lo que necesitamos.
5. Ordena un único cajón
Atención: un cajón.
No “organizar la casa”.
No “hacer limpieza general”.
Un cajón.
El de los calcetines, el de los cubiertos o ese en el que conviven pilas gastadas, celo, instrucciones de electrodomésticos y objetos cuyo origen nadie recuerda.
Diez minutos pueden ser suficientes.
6. Lee diez páginas
No tienes que leer una hora.
Ni terminar un capítulo.
Ni cumplir ningún objetivo anual de lectura.
Diez páginas.
Si después quieres continuar, estupendo.
Y si no, has pasado un rato dentro de una historia que no cabía en quince segundos de vídeo.
7. Haz algo con las manos
Tejer.
Recortar.
Pintar.
Modelar arcilla.
Hacer collage.
Montar un puzzle.
Arreglar una planta.
Coser un botón.
No hace falta que el resultado sea digno de enseñar a nadie.
A veces hacer algo tangible es suficiente.
8. Escucha un disco entero
No una playlist infinita que decide por ti lo siguiente.
Busca un disco que te guste y escúchalo desde la primera canción hasta la última.
Hay algo agradablemente antiguo en dejar que otra persona haya decidido el orden.
9. Escribe una carta o una postal
Sí, todavía se puede.
Piensa en alguien a quien le haría ilusión encontrar algo tuyo en el buzón.
No necesitas contar nada extraordinario.
“Me he acordado de ti” sigue siendo una razón bastante buena para escribir.
10. Cocina algo que no necesites fotografiar
Puede ser una tortilla.
Un bizcocho.
Unas verduras.
Una receta de tu madre.
O cualquier cosa que ya hayas hecho cien veces.
Cocinar sin documentarlo también cuenta.
11. Haz una lista de cosas que te gustaría hacer algún día
No objetivos.
No planes de cinco años.
Cosas.
Visitar un sitio.
Aprender cerámica.
Volver a montar en bicicleta.
Probar un restaurante.
Leer determinado libro.
Pasar una noche en algún lugar.
A veces tenemos muchas más ganas de cosas de las que recordamos mientras hacemos scroll.
12. Recupera una revista
Las revistas tienen algo que internet ha ido haciendo desaparecer: se terminan.
Llegas a la última página.
No aparece otra revista debajo.
Ni otra.
Ni otra.
Puedes leer una entrevista, mirar fotografías, saltarte tres artículos y cerrar la revista.
Fin.
13. Mira fotografías antiguas
Pero no las 14.000 del teléfono.
Busca un álbum.
Una caja.
Fotos impresas.
Las que tienen fechas escritas detrás o personas que ya no recuerdas quiénes eran.
Probablemente acabarás encontrando alguna que no sabías que conservabas.
14. Haz un puzzle pequeño
No necesitas uno de 5.000 piezas con un castillo bávaro bajo una tormenta.
Uno pequeño sirve.
La gracia está en tener delante un problema sencillo y concreto:
esta pieza tiene que encajar en algún sitio.
A veces se agradece que el mundo se reduzca durante un rato a eso.
15.Riega las plantas y míralas de verdad
No únicamente “regar las plantas”.
Mira si están creciendo.
Si necesitan cambiar de maceta.
Si alguna hoja está rara.
Si ha salido una nueva.
Son pequeños acontecimientos que suceden lentamente, una cualidad bastante escasa últimamente.
16. Ve a una biblioteca
Incluso aunque no necesites ningún libro.
Pasea entre las estanterías.
Lee contraportadas.
Busca algo que jamás habrías escrito en un buscador.
Internet es extraordinario cuando sabemos lo que queremos encontrar.
Las bibliotecas también son buenas para encontrar cosas que no sabíamos que buscábamos.
17. Haz una pequeña reparación pendiente
Ese botón.
El marco torcido.
La planta que necesita tutor.
La caja que lleva seis meses esperando pegamento.
Una tarea pequeña y finita tiene una ventaja estupenda:
se termina.
18. Siéntate diez minutos al sol
Si tienes balcón, terraza, banco cercano o simplemente una ventana donde entra el sol, siéntate.
Sin hacer otra cosa.
Sí, puede parecer muy poco emocionante.
Precisamente.
19. Llama a alguien
No escribas:
“¿Qué tal?”
Llama.
Cinco minutos de conversación pueden darte bastante más información que cuarenta mensajes repartidos durante dos días.
20. Prepara algo para mañana
La ropa.
El desayuno.
El bolso.
La mesa.
No porque tengas que convertirte en la mujer mejor organizada del hemisferio norte.
Simplemente porque quizá mañana por la mañana te haga la vida un poco más fácil.
21. Haz una lista de diez cosas que están bien
No “cosas por las que tienes que estar agradecida”.
Eso suena inmediatamente a tarea.
Simplemente cosas que están bien.
El café de esta mañana.
Que ha dejado de hacer tanto calor.
Una conversación.
Tus sábanas limpias.
Ese tomate que sabía a tomate.
Cualquier cosa.
22. Prueba un hobby antiguo
Algo que hacías antes.
Dibujar.
Tocar un instrumento.
Hacer pulseras.
Coser.
Bailar.
Escribir.
No tienes que “retomarlo en serio”.
Puedes hacerlo veinte minutos y volver a olvidarte durante seis meses.
23. Si tienes compañía, juega a algo
Cartas.
Dominó.
Un juego de mesa.
Adivinar películas.
Lo que sea.
Uno de los problemas del móvil es que podemos estar cuatro personas juntas y cada una encontrarse mentalmente en un lugar completamente diferente.
Un juego devuelve a todos a la misma mesa.
24. Sal a hacer un recado andando
Si es posible, convierte algún desplazamiento pequeño en paseo.
No necesitas contabilizar pasos.
No necesitas registrar el recorrido.
Puedes simplemente ir.
Hay una cierta libertad en hacer cosas que no generan ningún dato.
25. No hagas nada
Esta quizá sea la propuesta más difícil de toda la lista.
Cinco minutos.
Sin móvil.
Sin libro.
Sin podcast.
Sin ordenar.
Sin aprovechar el tiempo.
Nada.
Porque quizá la alternativa al móvil no siempre tenga que ser otra cosa.
A veces puede ser simplemente dejar un espacio vacío.
¿Por qué terminamos mirando el móvil aunque no queramos?
Porque está cerca.
Porque siempre hay algo nuevo.
Porque elimina inmediatamente el aburrimiento.
Y porque con el tiempo hemos ido perdiendo pequeñas alternativas que antes aparecían de manera natural.
Esperábamos.
Mirábamos alrededor.
Hablábamos con alguien.
Hojeábamos algo.
Nos entreteníamos con las manos.
Nos aburríamos un poco.
No creo que la solución sea declarar la guerra al teléfono. Es demasiado útil para eso.
Quizá sea más sencillo:
volver a tener cosas que hacer cuando no lo estamos mirando.
Empieza por una sola
No necesitas hacer las 25.
Ni siete.
Ni siquiera dos.
Elige una.
La próxima vez que te descubras desbloqueando el móvil sin saber muy bien para qué, prueba a dejarlo otra vez encima de la mesa y hacer esa cosa durante diez minutos.
Quizá después vuelvas al móvil.
No pasa nada.
Esto no va de hacerlo perfectamente.
Va de recordar que fuera de la pantalla también siguen pasando cosas.
Y algunas son bastante buenas.
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