Puede que durante años tu hobby principal haya sido conseguir que todo funcionara.
Trabajo.
Casa.
Hijos.
Padres.
Compras.
Citas.
Recados.
Papeles.
Mensajes.
La misteriosa capacidad de saber cuándo se está terminando el detergente aunque nadie más parezca disponer de esa información.
Y un día alguien te pregunta:
“¿Qué haces en tu tiempo libre?”
Y casi hay que pensarlo.
Porque quizá hubo una época en la que dibujabas, leías durante horas, hacías fotos, escribías, bailabas, cosías, salías en bicicleta o eras capaz de pasar una tarde entera haciendo algo que no tenía ninguna utilidad.
Luego la vida se fue llenando.
Por eso buscar hobbies para mujeres de 50 años no tiene por qué significar que necesites convertirte en una persona nueva.
A veces se trata justo de lo contrario:
volver a encontrar alguna parte de ti que llevaba tiempo esperando turno.
Por qué puede apetecerte recuperar un hobby alrededor de los 50
A estas alturas probablemente ya tengas suficientes obligaciones.
Así que lo último que necesitas es elegir una afición que venga acompañada de objetivos, niveles, aplicaciones, equipamiento profesional y una comunidad online ante la que demostrar tus progresos.
Un hobby puede ser muchísimo más sencillo.
Algo que haces porque te gusta.
Aunque no seas especialmente buena.
Aunque no produzca nada útil.
Aunque nadie lo vea.
Aunque solo tengas veinte minutos.
Y quizá eso sea precisamente lo interesante.
Después de años haciendo tantas cosas porque hay que hacerlas, recuperar algo que haces simplemente porque te apetece tiene bastante valor.
Cómo elegir un hobby si no sabes qué te gusta ya
Antes de buscar una afición nueva, prueba con una pregunta:
¿Qué hacías antes de que la vida estuviera tan llena?
No hace falta remontarse a la infancia.
Piensa en cosas que alguna vez disfrutaste:
¿Leías?
¿Hacías fotos?
¿Pintabas?
¿Bailabas?
¿Cuidabas plantas?
¿Escribías?
¿Cocinabas por placer y no porque había que cenar?
¿Hacías punto?
¿Te gustaba pasear sin destino?
A veces no necesitamos encontrar “nuestro nuevo hobby”.
Necesitamos recordar alguno antiguo.
Busca algo fácil de empezar
Cuanta más preparación necesite una actividad, más probable es que termine quedándose para “cuando tenga tiempo”.
Mejor algo que puedas empezar en cinco minutos.
Abrir un libro.
Sacar unos lápices.
Coger unas tijeras.
Ponerte unas zapatillas.
Abrir un cuaderno.
No pienses primero en si se te dará bien
La edad adulta tiene una costumbre bastante pesada: querer hacer bien desde el principio incluso aquello que hacemos para divertirnos.
Un hobby no tiene que convertirse en una habilidad.
Puedes pintar regular.
Puedes hacer cerámica torcida.
Puedes bailar fatal.
Puedes colorear fuera de la línea.
Nada grave ocurre.
1. Colorear
Sí, empiezo por aquí.
No porque tengas que ser creativa, sino precisamente porque no hace falta serlo.
El dibujo ya está delante.
No tienes que inventar nada.
Escoges un color y empiezas.
Es una actividad especialmente fácil para esos momentos en los que te apetece hacer algo con las manos pero no tienes energía para organizar demasiado.
Puedes probar con una de mis láminas para colorear gratis.
2. Collage
El collage tiene una ventaja maravillosa: no exige saber dibujar.
Necesitas revistas viejas, tijeras, pegamento y papel.
Puedes hacerlo con imágenes, palabras, colores o formas.
No tiene que representar nada.
Recortar cosas que te llaman la atención y juntarlas puede ser suficiente.
Y sí: utilizar unas tijeras durante media hora sigue siendo una actividad adulta perfectamente respetable.
3. Fotografía sin pensar en Instagram
No necesitas una cámara profesional.
Puedes utilizar el móvil, pero con una condición:
hacer fotografías sin pensar en publicarlas.
Una puerta.
Una sombra.
Tu barrio.
Las manos de alguien.
Una mesa después de comer.
Un detalle que normalmente no mirarías.
Fotografiar cambia la forma de observar incluso los lugares que vemos todos los días.
4. Jardinería, aunque solo tengas tres macetas
No necesitas una casa de campo.
Tres macetas también cuentan.
Aprender qué necesita una planta, verla crecer, trasplantarla o conseguir que sobreviva a agosto puede convertirse perfectamente en una afición.
Y las plantas tienen algo agradable: todo sucede bastante despacio.
5. Cerámica o modelado
Hay algo especialmente satisfactorio en trabajar con un material que puedes tocar.
No necesitas empezar con un torno.
Puedes probar un taller, utilizar arcilla de secado al aire o comenzar haciendo pequeñas piezas.
Un cuenco algo torcido hecho por ti suele tener bastante más encanto que otro cuenco perfecto comprado deprisa.
6. Leer sin convertirlo en un reto
No hace falta leer 50 libros al año.
Ni veinte.
Ni llevar una lista.
Puedes leer porque tienes ganas de saber qué pasa en la siguiente página.
Novela.
Biografía.
Ensayo.
Poesía.
Novela negra.
Revistas.
Lo que te apetezca.
Una afición no mejora porque podamos contabilizarla.
7. Escribir
No necesitas estar escribiendo una novela secreta.
Puedes escribir recuerdos.
Pequeñas historias.
Pensamientos.
Cartas.
Una página al día.
Una lista de cosas que observas.
Incluso puedes escribir historias familiares que nunca se han puesto por escrito.
Hay muchas cosas que sabemos y que desaparecerán si nadie las escribe.
8. Aprender a dibujar
Aquí aparece enseguida la frase:
“Yo no sé dibujar.”
Precisamente.
De eso se trata.
No sabías conducir antes de aprender.
Ni utilizar muchas de las cosas que hoy haces automáticamente.
Puedes aprender perspectiva, sombreado, acuarela, lápiz o simplemente empezar dibujando objetos que tienes delante.
No hace falta enseñar los resultados.
9. Tejer, coser o bordar
Durante un tiempo algunas actividades manuales parecieron cosas antiguas.
Ahora quizá podamos reconocer lo que tenían de bueno.
Repetición.
Concentración.
Manos ocupadas.
Un objeto que va apareciendo poco a poco.
Y la satisfacción absolutamente desproporcionada que produce arreglar por fin algo que llevaba meses esperando.
10. Bailar
En casa.
En una clase.
Con amigas.
En pareja.
Sola mientras haces la cena.
No todo hobby necesita producir un objeto que puedas guardar.
A veces puede consistir simplemente en poner música y moverte.
11. Caminar
Caminar puede ser mucho más que hacer ejercicio.
Puedes convertirlo en una afición si empiezas a explorar rutas, parques, barrios, caminos o pueblos.
Hay una diferencia entre caminar para “hacer pasos” y caminar porque quieres ver dónde lleva ese camino.
Me interesa bastante más la segunda.
12. Investigar tu historia familiar
Preguntar nombres.
Buscar fotografías.
Hablar con personas mayores de la familia.
Anotar lugares.
Recuperar recetas.
Guardar historias.
Construir un pequeño árbol genealógico.
Muchas mujeres llegan a determinada edad y descubren que quieren saber más sobre quiénes estaban antes.
Y conviene preguntar mientras todavía queda alguien que pueda responder.
13. Aprender algo solo porque te interesa
Italiano.
Historia del arte.
Astronomía.
Botánica.
Fotografía.
Historia local.
Literatura.
No porque vaya a mejorar tu currículum.
No porque sea útil.
Por curiosidad.
Aprender cosas sin necesidad de convertirlas en rendimiento tiene algo bastante liberador.
14. Volver a escribir cartas
El papel obliga a otra velocidad.
No corriges cada frase tres veces.
No añades un emoji para asegurarte de que se entienda el tono.
Escribes.
Doblas el papel.
Pones un sello.
Y durante unos días no sabes exactamente cuándo llegará.
Quizá por eso recibir correspondencia física sigue teniendo algo especial.
15. Hacer talleres creativos
Si empezar sola te cuesta, un taller puede ser una forma estupenda de probar algo sin comprar materiales ni decidir demasiado.
Vas.
Te explican.
Pruebas.
Hablas con otras personas.
Y después decides si aquello era para ti o si ha sido simplemente una tarde agradable.
Las dos opciones están bien.
En mis talleres creativos trabajo precisamente con propuestas que permiten sentarse, crear y pasar un rato juntas sin necesidad de saber hacer nada de antemano.
¿Y si empiezo un hobby y luego lo abandono?
Pues lo abandonas.
No ocurre absolutamente nada.
Esta quizá sea una de las mejores cosas de recuperar aficiones cuando ya has vivido unas cuantas décadas:
no todo tiene que convertirse en algo.
Puedes hacer cerámica durante seis meses.
Dejarla.
Empezar a pintar.
Volver a leer.
Comprar una planta.
Matar accidentalmente esa planta.
Comprar otra con mayor conocimiento.
No hay expediente académico del tiempo libre.
Hobbies para mujeres de 50 años que no quieren más obligaciones
Si ya tienes una agenda llena, yo empezaría por actividades con poca preparación.
Si tienes diez minutos
Colorear.
Leer unas páginas.
Escribir.
Regar plantas.
Hacer unas fotografías.
Si tienes media hora
Caminar.
Hacer collage.
Bordar.
Dibujar.
Escuchar música.
Si tienes una tarde
Ir a un taller.
Hacer cerámica.
Visitar una exposición.
Salir a hacer fotografías.
Cocinar algo por puro gusto.
Lo importante es que el hobby quepa en tu vida, no que tengas que reconstruir tu vida alrededor del hobby.
Quizá no necesitas encontrarte a ti misma
A veces se habla de esta edad como si una mujer tuviera que iniciar obligatoriamente una etapa de reinvención.
Encontrarse.
Transformarse.
Convertirse en su mejor versión.
Puede que no.
Puede que estés bastante bien siendo tú.
Quizá solo necesitas recuperar algunas cosas que la prisa había ido desplazando.
Un cuaderno.
Una caja de colores.
Una tarde.
Una conversación.
Una afición que no tiene que generar dinero, mejorar tu cuerpo, desarrollar tu carrera ni convertirse en contenido.
Algo que haces porque sí.
Y eso, en una vida donde casi todo parece tener que servir para algo, no es poca cosa.
Empieza por algo que puedas hacer esta semana
No busques todavía “el hobby perfecto”.
Piensa solo:
¿Qué me apetecería probar durante media hora?
Eso basta.
Y si lo primero que te viene a la cabeza es hacer algo con papel y colores, puedes empezar descargando una de mis láminas para colorear gratis.
También puedes conocer la colección de libros para colorear Colorea en calma.
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