Haces cosas para cuidarte, pero no te sientes mejor: quizá no necesitas hacer más

Te acuestas antes.

Intentas beber más agua.

Sales a caminar.

Has probado a dejar el móvil un rato.

Te dices que deberías descansar más.

Y, aun así, no te sientes especialmente mejor.

Entonces aparece una pregunta bastante injusta:

¿Qué estoy haciendo mal?

Quizá nada.

Quizá el problema es que hasta el autocuidado se ha convertido en otra cosa que tienes que hacer bien.

A veces buscamos autocuidado emocional y acabamos encontrando otra lista de cosas que hacer.

Cuando el autocuidado emocional se convierte en otra tarea

Hay una forma de autocuidado que se parece sospechosamente a una lista de deberes.

Dormir ocho horas.

Meditar.

Comer mejor.

Hacer ejercicio.

Escribir un diario.

Tomar suplementos.

Salir a caminar.

Respirar.

Desconectar.

Agradecer.

Y, de pronto, hasta descansar parece tener instrucciones.

Si haces todas esas cosas y sigues cansada, no significa que estés haciéndolo mal.

Puede significar simplemente que hacer más no siempre es la respuesta.

Hacer cosas no siempre calma

A veces pensamos que para sentirnos mejor tenemos que encontrar la actividad correcta.

Algo que hacer.

Algo que probar.

Algo que mejorar.

Pero hay momentos en los que el problema no es la falta de actividades.

Es el exceso de ruido.

Demasiadas decisiones.

Demasiadas cosas pendientes.

Demasiadas personas necesitando algo.

Demasiadas pestañas abiertas en la cabeza.

Y ahí, añadir otra tarea de autocuidado puede sentirse como exactamente eso:

otra tarea.

No todo cansancio se arregla durmiendo más

Dormir importa, claro.

Pero hay cansancios que no vienen solo de haber dormido poco.

Vienen de estar pendiente de demasiadas cosas durante demasiado tiempo.

De recordar.

Organizar.

Anticipar.

Responder.

Resolver.

Estar disponible.

Pensar por adelantado lo que falta.

Y eso desgasta.

A veces te acuestas antes y sigues levantándote cansada porque el problema no estaba solo en la hora a la que te fuiste a dormir.

Estaba también en todo lo que llevabas encima.

Quizá no necesitas cuidarte mejor

Hay días en los que lo más amable que puedes hacer por ti no es empezar una rutina nueva.

Es dejar algo sin hacer.

Cancelar algo.

No responder todavía.

Comer algo sencillo.

No aprovechar el rato.

Irte antes.

Decir que no.

Dejar de exigirte que hoy también seas la mejor versión de ti misma.

Eso también es cuidado.

El autocuidado emocional también puede consistir en dejar de exigirte que estés bien todo el tiempo.

Prueba a preguntarte qué necesitas, no qué deberías hacer

Esta pregunta cambia bastante las cosas:

¿Qué me vendría bien ahora?

No:

¿Qué debería hacer para sentirme mejor?

No:

¿Qué hábito me falta?

No:

¿Qué estoy haciendo mal?

Solo:

¿Qué necesito ahora?

Puede que la respuesta sea dormir.

O salir.

O estar sola.

O hablar con alguien.

O no hablar con nadie.

O comer algo.

O llorar.

O sentarte diez minutos.

O dejar el móvil lejos.

O no tomar ninguna decisión durante un rato.

No siempre hace falta una solución más sofisticada.

Respirar lento durante un minuto también cuenta

A veces no necesitas una técnica completa.

Ni una aplicación.

Ni veinte minutos de meditación.

Puedes hacer algo mucho más simple.

Respirar un poco más despacio durante un minuto.

Sin intentar hacerlo perfecto.

Sin contar demasiado.

Sin pensar si lo estás haciendo bien.

Solo dejando que la respiración vaya más lenta de lo habitual.

A veces el cuerpo agradece señales sencillas de que no tiene que correr ahora mismo.

No soluciona la vida.

Pero puede ayudar a crear un poco de espacio dentro de ella.

Ser más amable contigo no es dejar de hacerte cargo de tu vida

A veces confundimos amabilidad con permisividad.

Como si tratarnos bien significara volvernos irresponsables.

No.

Puedes hacerte cargo de tus cosas y, al mismo tiempo, dejar de hablarte como si fueras una empleada que nunca cumple objetivos.

Puedes reconocer que algo no salió bien sin machacarte.

Puedes estar cansada sin llamarte vaga.

Puedes cambiar de opinión.

Puedes necesitar ayuda.

Puedes no llegar a todo.

Puedes hacer las cosas suficientemente bien.

No hace falta que todo sea impecable para que tu vida siga funcionando.

Algunas cosas que puedes dejar de exigirte hoy

Aprovechar cada rato

No todo hueco tiene que convertirse en una actividad útil.

Contestar inmediatamente

No todos los mensajes son urgentes.

Tener una rutina perfecta

Una rutina que solo funciona cuando todo va bien no sirve demasiado en la vida real.

Estar siempre de buen humor

No necesitas convertir cada emoción incómoda en un problema que arreglar.

Descansar de forma productiva

Descansar no tiene que mejorar tu concentración, creatividad ni rendimiento.

A veces descansar sirve simplemente para descansar.

Tener siempre una explicación

Puedes decir:

“Hoy no me da.”

Y ya.

A veces cuidarte es bajar la exigencia

Puede que estés haciendo muchas cosas bien.

Puede que duermas.

Que comas razonablemente.

Que salgas a caminar.

Que intentes tener ratos propios.

Y aun así tengas días malos.

Eso no invalida nada.

No todo se arregla en una semana.

Ni todo depende de hacerlo bien.

A veces el cuidado está en dejar de evaluarte constantemente.

Qué hacer cuando notas que estás saturada

No necesitas hacer todo esto.

Elige una sola cosa:

Deja una tarea para mañana

Una.

No diez.

Una.

Pon el móvil lejos durante diez minutos

Si te ayuda, puedes leer también qué hacer en vez de mirar el móvil.

Siéntate antes de empezar otra cosa

No encadenes automáticamente una tarea con la siguiente.

Haz algo con las manos

Colorear, escribir, cocinar, coser, ordenar fotografías.

Algo que tenga principio y final.

Pregúntate qué puede esperar

Muchas cosas pueden.

Aunque no lo parezca.

Cuidarte también puede ser no arreglar cómo te sientes

Hay días en los que estás triste.

Otros en los que estás enfadada.

O cansada.

O preocupada.

No siempre hace falta intervenir inmediatamente.

Puedes sentir algo sin tener que convertirlo en un proyecto de mejora.

A veces basta con reconocer:

“Hoy estoy así.”

Y acompañarte un poco mejor mientras pasa.

La amabilidad contigo también se practica

No hablo de repetirte frases delante del espejo.

Hablo de cosas más pequeñas.

No insultarte mentalmente cuando te equivocas.

No exigir explicaciones por estar cansada.

No comparar tu día malo con el día bueno de otra persona.

No hacerte pagar cada error durante una semana.

Hablarte un poco más como hablarías a alguien a quien quieres.

Parece fácil.

No siempre lo es.

Y si no consigues sentirte mejor

También hay que decir esto.

Si llevas tiempo sintiéndote muy cansada, triste, ansiosa, desbordada o sin ganas de nada, y eso está interfiriendo en tu vida, no tienes por qué resolverlo sola.

Buscar ayuda profesional también es una forma de cuidarte.

No porque hayas fallado.

Porque hay cosas que necesitan algo más que dormir antes, respirar lento o salir a caminar.

Quizá no necesitas hacerlo mejor

Puede que hoy no necesites otra rutina.

Otro consejo.

Otra lista.

Otra cosa que añadir.

Quizá necesitas respirar un poco más despacio.

Dejar algo para mañana.

No arreglar inmediatamente cómo te sientes.

Sentarte.

Pedir ayuda.

O simplemente bajar un poco el volumen de esa voz que siempre parece decirte que podrías hacerlo mejor.

No siempre necesitas hacerlo mejor. A veces necesitas ser un poco más amable contigo.

Si quieres seguir por aquí

En Menos ruido encontrarás más ideas sobre vida moderna, móvil, cansancio, creatividad y pequeños ratos propios.

También puedes leer Cómo recuperar tiempo para ti cuando sientes que nunca tienes un rato si lo que más notas últimamente es que todo el día pertenece a otras cosas menos a ti.

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